“Greenwashing” o cómo tu empresa de cosmética favorita pretende ser verde

¿En alguna ocasión has comprado un cosmético etiquetado como natural, y has dudado de que realmente lo fuera? ¿Te gustaría saber diferenciar un producto cosmético natural u orgánico del que no lo es? ¿Consideras que con la información que existe actualmente sólo un experto es capaz de saber si un cosmético pertenece a la categoría de cosmética natural? ¿Crees que el precio de algunos cosméticos que se hacen llamar naturales puede no estar justificado teniendo en cuenta la poca información que proporcionan? Si la respuesta es sí, este post te interesa. En él nos acercamos a un concepto que ha surgido como respuesta a la gran cantidad de productos que se posicionan en el mercado como cosméticos naturales o cosméticos verdes, aunque  realmente no lo son, o al menos no tanto como parecen, nos referimos al “greenwashing”.

¿Qué es el “greenwashing?

El “greenwashing”, o “lavado verde”, no es más que una estrategia comercial que utilizan algunas empresas del sector cosmético para posicionar sus productos, de una forma rápida, dentro del segmento de la cosmética natural, aprovechando la profunda desinformación que existe por parte del consumidor.

Dichas empresas gastan grandes cantidades de dinero y de recursos comerciales para llevar a cabo importantes campañas publicitarias, con el único fin de que sus productos tengan una apariencia natural, muy conscientes de las ventajas económicas que esto significa. Por lo general (aunque no siempre), son marcas comerciales que pertenecen a multinacionales, las cuales comercializan otras marcas cosméticas no naturales con éxito en el mercado, y mediante esta estrategia, tienen la posibilidad de ampliar su número de consumidores totales. Utilizando las técnicas del “greenwashing” logran estar presentes en el segmento de la cosmética natural, escapando al vacío legal que actualmente existe para éste. Así pues, podemos decir que el “greenwashing” es el arte de hacer que un producto cosmético que no es genuinamente natural u orgánico, lo parezca.

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Pero, ¿cómo puede lograrse que un producto, que no es natural, lo aparente?

Pues es más fácil de lo que, a priori, pueda parecer; simplemente jugando con la percepción que el consumidor tiene del producto a la hora de adquirirlo y, por tanto, yendo más allá de la información real que tiene sobre él. Los que estamos dentro del mundo de la cosmética natural, y hemos profundizado sobre este tema, hemos podido ver que los departamentos de marketing se valen de diferentes y variadas estrategias, pero todas ellas están dirigidas a conseguir un único objetivo: transmitir la idea errónea de que lo que el consumidor está comprando es un producto totalmente natural.

1. Palabras como “natural”, “verde”, “sostenible”, “libre de tóxicos” o “libre de productos químicos”.

2. Uso de envases de tonalidades predominantemente verdes.

3. Utilización de formas, dibujos o fotografías de elementos orgánicos como plantas, hojas, frutas o flores, son algunas de las tácticas más utilizadas para atraer la atención del consumidor que busca un producto de cosmética natural.

4. También se pueden utilizar otras palabras en diferentes idiomas (preferiblemente el inglés), siendo las más utilizadas “clean”, “green” y “organic”.

5. Uso de adjetivos con connotaciones respetuosas con la salud y con la naturaleza, como “vegan” o “gluten free”, que en la mayoría de los casos no aportan información real de la composición ni de las características del producto.

6. Otra táctica también muy utilizada es la de añadir perfumes y colorantes muy llamativos con una potente conexión sensorial con la naturaleza.

 

 

Desde Mentactiva, y desde nuestra experiencia en cosmética natural, os proponemos que no os dejéis llevar únicamente por esa percepción “natural” que nos producen los envases y las palabras clave utilizadas de forma estratégica. Como consumidores debemos de ir más allá, y leer con atención las etiquetas, ya que en ellas se encuentra la mayoría de la información que necesitaremos para decidir si finalmente debemos adquirir el producto o no.

En este post no queremos, ni mucho menos, transmitir la idea de que todos los cosméticos que no sean naturales y que utilicen estrategias de “greenwashing” no sean seguros. Las entidades reguladoras se encargan en cada país de que los cosméticos cumplan con todas las garantías de seguridad para el consumidor. Por supuesto, tampoco diremos que la cosmética natural es la única opción para el consumidor. Nuestro objetivo es dar toda la información disponible para que aquellos consumidores que opten, de forma libre y consciente, por el uso de de la cosmética natural u orgánica, lo hagan con todas las garantías, sin confusiones y con toda la información disponible. Así se hará cada vez más estrecha la brecha que se ha ido creando entre las expectativas y la realidad de los cosméticos naturales.

Algunos ejemplos de marcas que utilizan el “greenwashing” son: Herbal Essences, Aveeno, Johnson’s Natural, Lush Cosmetics, Natures Organics, Nivea Pure & Natural, Pure and Basics o The Body Shop. Esta última quizás sea la más conocida y el ejemplo más claro de esta estrategia del “lavado verde”. A pesar de que la percepción que tenemos de estas marcas es de productos cosméticos naturales, podemos encontrar ingredientes en sus listados que no entrarían dentro del marco de ingredientes naturales ni orgánicos, ya que son ingredientes de origen totalmente sintéticos como, por ejemplo, el Polyvinylpyrrolidone (PVP), Carbomer o el PEG-40 hydrogenated castor oil.

 

Con respecto a los ingredientes, os dejamos este enlace dónde podéis comprobar (dentro de la base de datos de EWG)  la seguridad de los ingredientes cosméticos, tanto para la salud como para el medio ambiente.

Actualmente, ¿qué podemos esperar de un cosmético etiquetado como “natural”?

Pues, siendo estrictos y tal y como hemos dicho, sólo con que aparezca esta palabra o alguna de las que hemos comentado anteriormente no se puede asegurar que aquel cosmético sea efectivamente natural y, ni mucho menos, orgánico. Por poner un ejemplo, podríamos encontrar en el mercado un producto etiquetado como “con extractos 100% de origen natural”, y que en su fórmula aparecieran polímeros sintéticos o conservantes no listados como ecológicos, o incluso que algunos de los extractos no fueran realmente naturales.

Llegados a este punto, y como inciso imprescindible dentro del contexto de la cosmética natural, creemos que es importante tener dos conceptos muy claros. En primer lugar, es que el hecho de que un cosmético vaya etiquetado como “libre de tóxicos” no quiere decir nada. Por ley, al menos en Europa, los cosméticos no pueden contener sustancias tóxicas y, por tanto, ningún cosmético puesto en el mercado debería de contener tóxicos, ni concentraciones de productos potencialmente tóxicos para la salud. Otro tema totalmente discutible, y que es lo que cuestionan tanto algunos expertos en salud, como los consumidores y las empresas que se dedican a la cosmética natural, es si los diferentes componentes de un cosmético, aplicados en conjunto y durante un período largo de tiempo, podrían producir algún tipo de toxicidad en el consumidor.

Si vamos más allá, podríamos reflexionar sobre si los componentes de diferentes productos cosméticos, que habitualmente pueden llegar a ser hasta 10, aplicados de forma repetida pueden ejercer un efecto tóxico sobre el organismo, por el llamado “efecto cóctel”. Esto es un tema a debate y en continua revisión, tanto por las comisiones científicas como por los expertos que elaboran las normas y leyes. Nuestra opinión es que siempre deberíamos de tener presente el “principio de precaución” y hacer uso del sentido común, pero sobre todo del sentido propio.

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El otro concepto que debería quedar claro es la reivindicación de “libre de productos químicos”. Es muy importante dejar de demonizar la palabra química y las derivadas de ésta. Ningún cosmético, natural o no natural, ecológico u orgánico, está libre de químicos, ya que todo en la naturaleza es química, existen elementos químicos en todo nuestro entorno, nosotros mismos somos pura química. Un aceite de oliva de primera presión en frío que podamos utilizar, por ejemplo, para elaborar un aceite facial, contiene ácido oléico, un compuesto que, aunque natural, no deja de ser un ácido graso con su composición química, así que no nos confundamos y pensemos que todo lo químico es tóxico. Dentro de la química, por supuesto, existen químicos que son tóxicos, pero esto no tiene nada que ver con si su procedencia es de origen natural o sintético. Existen numerosos compuestos naturales que son compuestos químicos potencialmente  tóxicos, como la cumarina, que se extrae de la canela. Y a la inversa, compuestos químicos de síntesis que son muy seguros como es el ejemplo de los ésteres de triglicéridos, utilizados en muchas formulaciones de cosmética natural.

Una vez hecho en inciso, volvamos al concepto de “greenwashing”.

[bctt tweet=”Existen numerosos compuestos naturales que son compuestos químicos potencialmente  tóxicos, como la cumarina, que se extrae de la canela.” username=”menta_activa”]

Transparencia en cosmética natural: las certificadoras

Hemos visto cómo, poco a poco, ha ido creciendo la conciencia por consumir productos más naturales y sostenibles, que sean más respetuosos con la salud y la naturaleza. Al no haber un consenso a nivel mundial sobre el etiquetado y composición de los cosméticos naturales, las organizaciones de consumidores han presionado a los organismos oficiales para pedir más claridad y transparencia a las autoridades competentes en lo que se refiere a productos naturales y orgánicos, reclamando el derecho a estar bien informados y a poder adquirir los productos deseados, sean los que sean, con total garantía.

¿Cómo se ha ido solucionando toda esta confusión? Hasta la entrada en vigencia, en enero de este mismo año, del estándar para cosmética natural COSMOS, cada país se regía por  certificaciones privadas que se encargaban de asegurar que los productos cumplían con unas mínimas garantías. Incluso, dentro de un mismo país podíamos encontrar diferentes tipos de certificaciones, algunas con más garantías que otras. Esto nos llevaba a buscar sellos de certificadoras, los cuales tampoco nos proporcionaban información real del contenido del producto. Con la entrada en vigor de dicho estándar se unifican y armonizan los criterios para la elaboración y distribución de cosmética natural y orgánica y, hoy por hoy, es la certificación que deberíamos de buscar si lo que queremos es adquirir un producto natural u orgánico con todas las garantías.

COSMOS está formado por la asociación multinacional de expertos en cosmética natural y orgánica, y se encarga de definir criterios, tipos de ingredientes y procesos, y excluye todo aquello que no debe formar parte de la cosmética natural. Diferencia entre producto natural u orgánico, según el cultivo, y también define procesos de extracción de principios activos.

Según COSMOS, las normas que debería de seguir un producto natural son:

  • La promoción del uso de productos que vengan de la agricultura orgánica y que respeten la biodiversidad.
  • Utilizar los recursos naturales de una forma responsable respetando el medio ambiente.
  • Utilizar procesos y métodos de fabricación que sean limpios y respetuosos con la salud humana y el entorno ambiental.
  • Integrar y desarrollar el concepto de química verde o “green chemistry”.

Aparte de COSMOS, existe la norma internacional ISO 16128, la cual está promovida por la industria cosmética convencional con la idea de unificar criterios, proporcionar una mejor información al consumidor y promover la innovación.

Es importante destacar que dicha norma es una guía de recomendaciones y, por tanto, no es un estándar de aplicabilidad exclusivo para productos naturales y orgánicos, ya que puede ser utilizada como pauta para el etiquetado y clasificación de cualquier producto cosmético (natural o no). Por ejemplo, con la aplicación de la norma ISO 16128,  los fabricantes ponen en conocimiento del consumidor qué porcentaje del producto es natural y qué porcentaje es orgánico, pero eso no garantiza que el resto de ingredientes del producto también lo sean. Sin embargo, el estándar COSMOS es mucho más restrictivo en cuanto a los requerimientos de los ingredientes y los procedimientos de obtención de estos ingredientes, así como del seguimiento del proceso de fabricación, embalaje y reparto del producto cosmético.

Os dejamos este enlace a la página web COSMOS para que podáis investigar más sobre ingredientes y otros asuntos relacionados con este estándar: https://cosmos-standard.org/

Además de COSMOS y de la norma ISO1628, y tal y como hemos comentado anteriormente, existen diferentes certificaciones, las cuales se rigen por sus propios criterios. Nuestro consejo es que, si los productos que compras siguen una certificación diferente a COSMOS, es que investigues muy bien cuál es el alcance real de estos sellos, y cuáles son los controles que se ejercen sobre los fabricantes para garantizar la calidad de estos productos cosméticos.

En resumen, si apuestas por una cosmética realmente ecológica y respetuosa, tanto con la salud como con el medio ambiente, no te dejes llevar por el “greenwashing” que aplican algunas marcas a sus productos, y busca siempre cosméticos con una certificación con garantías y, sobre todo, lee muy bien las etiquetas de composición. En la mayoría de los casos, ahí está la clave.

 

En el Módulo 13 de nuestro curso Introducción a la formulación de cosmética natural para la piel, puedes aprender más sobre certificadoras en cosmética. Visita la página del curso.

 

Escrito por María Cerdán. Tutora de Mentactiva.

 

Otros recursos

https://www.cosmeticsandtoiletries.com/regulatory/organic/Cosmetics-in-the-Age-of-Greenwashing-436806443.html
https://www.cosmeticsandtoiletries.com/regulatory/organic/COSMOS-Publishes-30-Documents-493940191.html

https://cosmos-standard.org/

International Standard. ISO 16128. Guidelines on technical definition and criteria for natural and organic cosmetic ingredients and products. 2016.

 

 

 

 

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